DECLARACION DE TALA

Por la Unidad de nuestra América Criolla 

Reunidos al amanecer en el solar que habitó Atahualpa Yupanqui a orillas del Gualeguay, en Rosario del Tala, Entre Ríos, Argentina, y a 100 años del nacimiento del gran artista americano, firmamos esta Declaración de Tala por la unidad, la igualdad y la libertad de los pueblos de Nuestra América Criolla.

1- Nos comprometemos a promover y defender la identidad de la América Criolla (como le llamó a nuestra Patria Grande Marcelino Román, de cuyo nacimiento también se cumple un siglo en 2008); a reforzar la presencia de esa identidad en nuestras actividades cotidianas, y a emprender caminos nuevos para impulsar la unidad de los pueblos de toda la América no imperialista, unidad sin saqueos, y la diversidad que bien caracteriza a nuestro continente.

2- Afirmamos que nuestro compromiso es con el pasado de América pero principalmente con el futuro de nuestros pueblos unidos y libres, con la vida digna.

3- Valoramos el arte y la prédica de Atahualpa Yupanqui, arraigado en genuinas expresiones americanas, de alto contenido social libertario, y en la ponderación del hombre en su entorno. Las obras que compuso en letra y música, las obras de otros autores (como el oriental Romildo Risso) que Atahualpa musicalizó e interpretó como propias, y las palabras de Atahualpa en los escenarios, en las ruedas de paisanos, en los medios de prensa, o sus ensayos y relatos, forman una unidad cultural que identifica, provoca y convoca. La vida de Atahualpa en Rosario del Tala; su paso por numerosas ciudades y parajes litoraleños, americanos, y sus memorias, nos invitan a redoblar este compromiso.

4- Afirmamos nuestra renovada adhesión a los principios de la república, las autonomías, la independencia, la Confederación de la América Criolla y la equitativa distribución de las riquezas, principios que en su momento impulsaron con su inteligencia y su sangre los pueblos de América y sostuvieron sus líderes como nuestro prócer más cercano y esclarecido: José Artigas. “Que los más infelices sean los más privilegiados”.

5- Damos un campanazo de conciencia y de advertencia por el deterioro de la diversidad natural (puesta en jaque por monocultivos expulsores de seres humanos en esta región, como el eucalipto y la soja) y el deterioro de la diversidad cultural, que forman parte indisoluble de nuestra identidad continental, y exigimos a los gobiernos compromisos mínimos no ya para detener sino para revertir la situación. Tomar conciencia de las distintas formas con que los tentáculos del imperialismo, el consumismo, el capitalismo, se meten artera y solapadamente en nuestra identidad como un ácido para la descomposición, disimulados muchas veces dentro de los medios de comunicación, la educación, las instituciones; tomar conciencia es el primer paso y sólo el primero, en un proceso que deberá desembocar en la unidad americana, la libertad, la justicia social y la soberanía de los pueblos.

6- Damos otro campanazo de conciencia y advertencia por la concentración de las riquezas y los medios de producción y los servicios en pocas manos; la desnacionalización de los recursos naturales y energéticos que son propiedad inalienable del pueblo; expropiaciones que sufrimos los entrerrianos, santafesinos, orientales, argentinos, los habitantes de la América Criolla. Y un alerta más por el cáncer sembrado por enemigos en la llamada “deuda externa” de nuestros países y que muchos de los gobiernos pagan sin investigar ni denunciar. Sostenemos que este sistema cimentado en planes ajenos y contrarios a la naturaleza e idiosincrasia de los pueblos es un obstáculo para nuestra meta común.

7- En este Día en que renace nuestra identidad, nos comprometemos a reafirmarla en los más diversos aspectos: las lenguas, las costumbres, la música, la danza, la plástica, la literatura, la ciencia; la historia, la economía, el bienestar; los obreros y microemprendedores; los pueblos originarios, los negros, los gauchos, los gringos; los oficios, las problemáticas comunes (como la marginación, la propiedad y el uso de la tierra y de los recursos naturales y energéticos, el manejo de las finanzas); la biodiversidad, los encuentros de todo tipo entre nuestras culturas constitutivas de la América Criolla, las expectativas comunes, los problemas comunes, la participación popular.

8- Sobre la tierra que pisó y cantó Atahualpa Yupanqui, esta patria que le dio cobijo, reafirmamos en este Día nuestro compromiso de honor por la unidad, la igualdad y la libertad de los pueblos de nuestra América, nuestra América del trabajo, contra la corrupción, y bajo la consigna de nuestros ancestros que hacemos propia, y que habla de dignidad y respeto y nos alumbra el futuro: Naide es más que Naide. 

Nosotros, los orientales

Aportes a la unidad entrerriano uruguaya
www.juntaamericana.com.ar

El zorzal que me despertó esta mañana es el mismo zorzal de la otra banda y canta de lo lindo también, llama a hacer el amargo en la madrugada. Se burla de los límites forzados, como no los aceptan la calandria, el tero, el cutirí.
Y así los pomponcitos del espinillar huelen igualmente dulces y lucen tan amarillos como las bandadas del frágil y exquisito dragón, entre los pastizales de las dos orillas.


La comadreja que baja del paraíso cuando anochece en Tacuarembó es la misma mbicuré, madre ejemplar, que describió Marcos Sastre en El Tempe Argentino, homenaje primigenio al delta del Paraná, nuestro delta. Y Marcos Sastre era oriental, claro. Nos habló del chajá, el ceibo, el mburucuyá, y de las cigüeñas nuestras, las mismas cigüeñas que nos traen al mundo aquí y allá: el parsimonioso tuyango, el inmaculado tuyuyú de cabeza pelada.
Fray Mocho, panzaverde, describió el mismo delta, le llamó El país de los matreros y narró la vida entre los pajonales, la suerte esquiva de hombres y de patos, y recordó a su modo la triste leyenda del carau solitario enlutado para siempre en las dos costas, sin distinción, por haber sido mal hijo. Fray Mocho, de Gualeguaychú, pero Dorina Escalada y Desiderio Álvarez Gadea, sus padres, orientales los dos.
No sé por qué habríamos de hacer la diferencia, ¿distinguía el Tabaré de Zorrilla una costa de la otra? ¿Las distinguía Francisco, el grumete de Solís?

La misma Soriano

Desde el aguilucho langostero, gavilán allá, que vuela entre las pampas rioplatenses y Norteamérica como si fuera un chasque entre Artigas y Monroe, hasta el apereá que entre nosotros no es más que un cuis en las banquinas, todo prueba que la vida es la misma, el lugar es uno.
Sabemos que anda por aquí el mao pelada, se resiste a partir, y nos decía hace poco Omar Terán, puestero en la isla El Vizcaíno, casi frente a Soriano en Uruguay, que ese simpático osito lavador de anteojos, el aguará popé, todavía se deja apreciar en las orillas al anochecer.
Dicen los estudiosos que en Puerto Landa nació la primera población entrerriana estable de indios y blancos, a orillas del Yaguarí Miní, que a medias soportó degüellos libertarios y horcas de escarmiento, que fue bastante fenicia y gozó de un esplendor contrabandista hace 300 largos años, con mercancías y esclavos para repartir. Después se trasladó a la isla El Vizcaíno para escapar del asedio aborigen, y luego pasó definitivamente al paraje actual de Soriano, donde aún subsiste bellísima, encantadora, con sólo mil cien almas. Compartimos, entre tantas cosas, la ciudad más antigua. “Aquí nació la patria”, se lee en el escudo de Soriano y vale la frase para las dos orillas.
Allí mismo, en las dos costas del Uruguay aparecen los cerritos indios, y los vestigios de cacharros y utensilios de una nación que habitó la zona desde los tiempos de Jesucristo. Los alfareros de las orillas, así en el Paraná como en el río Negro, nos identifican desde la cuna.
Después, claro, los charrúas del lejano cacique Guaytán, del cercano Vaimaca Perú, secuestrado por la “civilización” europea para la exhibición en jaula; los sobrevivientes de las incursiones de Vera Mujica en esta costa, los sobrevivientes de las traiciones y los degüellos en la otra costa, esos que nos legaron el “naide es más que naide”; los minuanes de Cloyán, de Olayá; los chanás del padre Tihuinem, que llamaban diói al sol, todos orientales del Paraná.
Orientales como serían también los esclavos africanos de Montevideo y sus parientes de las estancias de Esteban García de Zúñiga en los Campos Floridos, aquellos cuarenta y siete negros ingresados a escondidas el mismo año en que fundaban Gualeguaychú, y cuyos descendientes somos nosotros mismos y son nuestros vecinos, más o menos motas, más o menos morochotes de labios gruesos, candomberos.

Panizza y Yamandú

Los mismos farolitos del ñangapirí, las mismas frutas ácidas del ubajay, las mismas espinas del tembetarí que aquí rebautizamos teta de perra, en fin, los mismos árboles que talamos para uniformar el campo con la soja, que talan en la otra costa para reemplazarlos por el eucalipto. Ya lo lamentaremos. ¡Si hasta en el pecado nos copiamos!
No sé qué falta para demostrar que somos lo mismo. La gesta del prócer común, José Artigas, que dejó una marca de dignidad con su resistencia simultánea a porteños, portugueses, brasileños, ingleses, realistas, y que nos ligó en la Liga de los Pueblos Libres, esa gesta fue cantada por el entrerriano Delio Panizza (“él es el conductor, en su mirada está toda la patria concretada”).
Y quién olvida esa sangrienta revuelta democrática de los Kennedy, en La Paz (se cumplen 75 años), realzada por el trazo exquisito de la pluma oriental de Yamandú Rodríguez, que halló derrotados a los revolucionarios, guarecidos en el Uruguay, y relató su infortunio. “Cuna de gauchos cantores y altaneros, prontos siempre a saltar a caballo para cruzarse por la dignidad. Honrada gente de campo acostumbrada a vivir mal y morir bien”. Yamandú, ese poeta de “El Remate”, que sabía darnos esperanza: “Con la sangre del ocaso / se puede teñir la aurora”. Para que Yamandú fuera definitivamente nuestro, ¿qué faltaría? ¿Que naciera un 25 de Mayo? Pues bien: en mayo vio la luz, un 25.
¿No debutó nuestro gran poeta entrerriano/riograndense Olegario Andrade con el oriental Isidoro de María en el periodismo? Es el mismo Isidoro que, desde la prensa de Gualeguaychú, sugirió habitar Fray Bentos de una y para siempre, un reto que aceptó el comerciante de esta banda, José Hargain, a fines de 1857, dice el historiador fraybentino René Boretto Ovalle (con primos en la farmacia Boretto de esta banda, por supuesto). Y fue Olegario, claro, el que honró al entrerriano Lucas Piris, al oriental Leandro Gómez, y a tantos mártires de la libertad, con aquellos versos aún sangrantes: “¡Sombra de Paysandú! ¡Lecho de muerte / donde la libertad cayó violada! / ¡Altar de los supremos sacrificios! / ¡Santuario del valor!”.
Lo mismo somos, por donde se nos mire. Fray Bentos es hija de Gualeguaychú. Y Si Paraná es más vieja, bajo este suelo llamado Formación Paraná (del terciario marino, sedimentos del mar Entrerriense) que pisamos con desenfado en la capital entrerriana, yace un sedimento más antiguo: la Formación Fray Bentos. Y al sur de la ciudad que le dio nombre a esa capa de sedimentos en el Uruguay puede apreciarse la formación Camacho que es marina también, como la de Paraná, la misma que explotan los mineros de Victoria para moler conchas marinas fósiles y servirlas en bandeja a las gallinas de Crespo.
Esas aves devolverán el calcio y el carbonato en una gruesa cáscara de huevo y son tantos los huevos que quiebran en la incubación y en la industria, más de 20 millones por mes sólo en una fábrica, que algunos chacareros desparraman esas cáscaras para afirmar los caminos y terminan transitando al fin sobre un mar procesado. El mismo mar Entrerriense que bañó nuestro suelo y el suelo oriental hace 10 millones de años y más.

Mismas pobrezas

No hemos hablado de Urquiza, de los hermanos Saravia; del entrerriano Apolinario Almada, primo de Pancho Ramírez, que tras guerrear 70 años desde las invasiones inglesas hasta Ñaembé, increíblemente en mil batallas, se apagó exiliado en Paysandú con más de ochenta. Ni hablamos del indio Anacleto Medina que sirvió a la causa federal y republicana en tantos combates como pudo, que acompañó a la Delfina tras la caída de su amante en el río Seco, y que a los noventa largos acabó lanceado en combate, en Uruguay.
No hemos hablado de esa “casta de peonas, bebidas sin sed” que decía Eichelbaum, ni de la toponimia aborigen que nos interpela, que nos distingue en el planeta: de un lado Mbopicuá, Sarandí del Yí, Pirarajá, Aiguá, Chapicuy, Dayman, Buricayupí, Tiatucurá; del otro Paracao, Yuquerí, Gualeyán, Yeruá, Ibicuy, Mandisoví, Gualeguaychú…
No hablamos de cantores y guitarreros, jinetes y domadores, gente de cerros, gente de lomadas; de zafreros, puesteros, nutrieros, esquiladores sin fronteras; de nuestros payadores. De patrimonios tan diversos y compartidos, como esos diminutos killis coloridos, fosforescentes, que nacen del polvo, con una lluviecita, en los charquitos de Ceibas o de Rocha, de Colonia del Sacramento o de San José de Feliciano. Y tampoco de la empresa hidroeléctrica común… Hay que raspar nomás, y se hallará identidad hasta en lo más insólito. ¿Los murciélagos? Coinciden, cómo no, las especies entrerrianas y orientales.
¿Qué diferencia a Cosita Romero de Paraná, pescador y narrador, de Simón Acuña de la villa Santo Domingo Soriano, de herencia chaná, canoera y pescadora? Defensores del sábalo y la boga y el dorado y el surubí, compartiendo el alerta por los represamientos, los agroquímicos, las algas, la pesca a gran escala…
Es el mismo aire, el mismo río, la misma gente de pañuelo al cuello, el sauce, el junco, la alpargata, la milonga; el mismo sirirí pampa, la misma arena. Hay pobrezas parejitas a dos bandas, una tendencia a concentrar riquezas para pocos, un flagelo: el latifundio con similares propietarios de afuera usufructuando de un suelo que ni el sentido común ni la historia ni la Biblia les conceden, pero sí las leyes. Todo empeorado con el monocultivo devastador de diversidades a diestra y siniestra, que “llena de vergüenza al ceibo”, flor nacional a dos bandas, cuando octubre se despide.
Entre Ríos y Uruguay, madres de la república y las autonomías, que quedaron plasmadas en el artículo 1 de la Constitución Argentina, y se cumplen tanto como los anhelos del 14 Bis, o sea…
Las chamarritas heredadas de las islas Azores y las guaranias tan entrerrianas del sanducero Aníbal Sampayo, el espíritu y la sangre oriental del paceño Linares Cardozo, hijo de un uruguayo…
¿No son nuestros los versos de un Bartolomé Hidalgo, y orientales los versos de un Baltasar Maziel (“aquí me pongo a cantar / debajo de aquestas talas”), en los albores de la gauchesca? Ese estilo tan rioplatense alcanzó su esplendor con José Hernández, que floreció en El Martín Fierro pocos meses después de haber sufrido la derrota en la guerra entrerriana, junto al gran entrerriano Ricardo López Jordán, alumbrado en Paysandú. Una derrota que obligó a Hernández a exiliarse en Río Grande do Sul primero, en Uruguay después. Y don Ricardo, bien conocido y admirado por el maestro Fermín Chávez, que acaba de decir adiós, ese Fermín nogoyasero de abuelas orientalas, de abuelos cordobeses, como si resumiera en él la Liga de los Pueblos.
Todo es así en esta banda oriental del Paraná. Algunas rencillas de momento no harán mella sobre el basalto que emergió caliente desde el corazón del planeta para soldarnos definitivamente en tiempos de dinosaurios (compartidos), y aunque esto parezca un delirio romántico es más duro que una roca, bien palpable, como es cierto que bajo ese basalto compartimos el agua dulce confinada hace millones de años en la formación Botucatú, pinchada ahora para explotar las termas del acuífero Guaraní: un mapa bien trazado ayer para mañana.
Al fin y al cabo el límite mismo es fruto de la miopía: ayer nomás el Uruguay fue cambiando de cauces. Uno está sepultado 50, 70 metros bajo el suelo en una línea que va de San Salvador a Larroque, formando ese colchón de arena que es el acuífero Salto Chico, una fuente ¿inagotable? de agua para el arroz.

No es un río, es un portal

En las jornadas de tensión, de rutas bloqueadas a falta de políticos, la pluma de un científico como Antonio Serrano no tiene desperdicios. “El río Uruguay es el portal por donde cruzaron y cruzan sentimientos de hermandad, afectos familiares y mancomunadas aspiraciones de paz y de trabajo. Como si no bastara la misma historia que vivieran sus riberas, antes y después de la conquista, la Naturaleza distribuyó en uno y otro lado los mismos bosques, los mismos pájaros, la misma belleza de sus cuchillas y arroyos… Si alguna vez la fatalidad de la discordia se cirniese sobre estos pueblos hermanos del Plata, bastaría con mirar hacia ese río y avergonzados retornarían a la paz, que es su destino”.
Así prologó Serrano su “Etnografía de la antigua provincia del Uruguay” en 1936, y en la introducción aclaró: “Los actuales territorios de la República Oriental del Uruguay, estado de Río Grande do Sul y tierras adyacentes de la mesopotamia argentina y estado de Santa Catalina constituían en boca de los primeros jesuitas una como provincia que llamaban del Uruguay”. Lo que arriba se llamó provincia del Uruguay resiste abajo con el nombre de acuífero Guaraní.
Si los símbolos nos definen, habrá que decir que la Bandera señala un destino sobre discordias pasajeras. “Es la visión de Artigas hecha seda, hecha canto, es un himno de llamas dividiendo en diagonal un cielo azul y blanco… Dice Federación esa bandera sesgada por un rayo”, cantó Delio Panizza. Y Juan Zorrilla de San Martín: “La roja veta diagonal que sangra”.
Apreciar esa banda colorada entre franjas rioplatenses en los escudos de tres de los departamentos orientales (San José, Rocha, Artigas), y en el escudo de la pequeña Soriano, verlo todo cruzado de rojo ahí en el monumento al Éxodo Oriental, al sur de Fray Bentos, llama a la unidad. Como llama ese homenaje a los bravos orientales que gritaron dignidad en el uruguayo arroyo Asensio, y la consumaron con el éxodo hacia el Ayuí, entrerriano. Y lo mismo en esos “pesebres” de la patria: Concepción del Uruguay de un lado, cobijando el Congreso de Oriente, Purificación del otro lado, y nada de palacios: ranchos nomás.

Borges lo dice mejor

La identidad es inocultable. Los líderes nacidos de un lado del río dejan su vida por ideales del otro lado, los paisanos construyendo sus hogares con barro de su mismo suelo, con paja de sus mismos esteros, con bosta de caballo porque eso nos iguala también: nuestras casas de bosta en los adobes, aún hoy, ya que el caballo nos ha dado por igual libertad, república y techo. ¡Pequeña deuda con el caballo!
Y así la industria con los saladeros, con la revolución que significó para estos pagos la incorporación de la tecnología del extracto de carne, creada por el alemán Justus Von Liebig, y aplicada en Fray Bentos por Georg Giebert. Una desavenencia de la familia Giebert con Liebig, tras la muerte de Georg, provocó una escisión y permitió la refundación del frigorífico Santa Elena porque hasta la competencia nos ha servido para desarrollarnos a la par, y esa misma competencia despertó el orgullo en los ganaderos de Gualeguaychú que fundaron su propio frigorífico, reliquia de la industria nacional, que es identidad herrumbrada también. Están los pampas, están los mochos negros, no está la industria nacional.
Recuperar estos rasgos comunes, coser Latinoamérica frontera a frontera, como se cosen los cascos de una pelota de cuero, con los tientos de la memoria: allí está la clave de la patria grande.
“Mi madre, Leonor Acevedo de Borges, proviene de familias argentinas y uruguayas tradicionales”, recuerda Jorge Luis Borges, hijo del entrerriano Jorge Guillermo Borges, nieto del coronel Francisco Borges, y cuyo bisabuelo Haslam descansa en Paraná. “No puedo precisar si mis primeros recuerdos se remontan a la orilla oriental u occidental del turbio y lento Río de la Plata”, reconoce, y en su “Milonga para los orientales” deja estos versitos proféticos, que hacemos nuestros: “Milonga para que el tiempo vaya borrando fronteras; por algo tienen los mismos colores las dos banderas”.

Daniel Tirso Fiorotto
Revista Cuando el Pago se hace Canto
Diario UNO

 

¿Qué nos deja la II Asamblea Regional en Tacuarembó?

1

Primera manifestación conjunta oriental-argentina contra el modelo forestal y las pasteras. Se recorrieron las calles de Tacuarembó y en la plaza 19 de abril, al pie del monumento a Artigas, hablaron orientales y representantes de la asamblea ciudadana de Gualeguaychú.

2

El armado del “puzzle” que nos muestra en su coherencia interna el plan global del Banco Mundial y de nuestro gobierno genuflexo para convertirnos en enclave maderero. La gente de Gualeguyachú conoció de fuente directa los testimonios de la catástrofe forestal del Norte uruguayo y también tuvimos el testimonio directo del los vecinos de Empalme Olmos, donde se construirá (si lo permitimos) el megabasurero de 450 hectáreas para los residuos tóxicos de isusa, dirox, botnia, etc y para containers de basura tóxica y radiactiva importada por el puerto de Montevideo.

3

El papel de las ONGs ambientalistas uruguayas que saludaron la reunión , (algunos de sus integrantes estuvieron el sábado) pero que cuidadosamente se retiraron el domingo al mediodía para evitar la participación en una declaración conjunta con la asamblea de Gualeguaychú NOSOTROS TAMBIÉN SALUDAMOS EL PAPEL POSITIVO DE LAS ONGS PERO COMPROBAMOS UNA VEZ MÁS QUE LA LUCHA DEBE QUEDAR EN MANOS DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES

4

La fuerza que nos da pensar juntos y entender juntos lo que está pasando

5

LA PLANIFICACIÓN DE ACCIONES CONJUNTAS

Gonzalo Abella

Andresito no se calla, ¿callarás MERCOSUR?

ANDRESITO está presente en las luchas
Andresito no se calla (MO.CA.FOR)
actividadonline.com.ar

Andresito no se calla, ¿callarás MERCOSUR?

(AW) El Movimiento Campesino de Formosa rinde homenaje, a través de un documento, al luchador popular Andresito Artigas, quien participó de cinco campañas liberadoras y fue gobernador de Misiones y Corrientes. Andresito fue desaparecido por el Imperio Portugués, y en esa condición permanece todavía. El MoCaFor reclama su aparición y la repatriación de sus restos.-

Formosa. 30 de noviembre de 2007 (MoCaFor).- En días que se nos quiere mandar a callar, los más antiguos de nosotros nos recuerdan que hoy cumple años el gran nuestroamericano de otros días, valientes y decisivos que fueron para las luchas de la primera Independencia.

Nació este americano en Santo Tomé, a orillas del río Uruguay; cuando los ríos eran dos partes de una misma tierra y los indios estaban cabreros desde el famoso tratado de la Permuta (S. XVll), firmado entre dos parásitos iguales que Borbón: el monarca de Portugal y el de España, que entonces pretendían cortar tierras y gentes como si se tratara de un pastel.

Lo bautizaron Andrés Guacurarí.

La causa, pues, lo llevó a seguir a Manuel Belgrano hasta Montevideo y allí, José Gervasio Artigas lo adoptó como hijo suyo y Andrés Guacurarí se pasó a llamar Andrés Guacurarí y Artigas, “Andresito”.

Los más antiguos de nosotros nos piden que no nos equivoquemos con el diminutivo del cariño. Y menos en estos días, donde nos quieren mandar a callar desde el sitial del sub – imperialismo cocotero ibérico.

Este músico, latinista y políglota, es una llave ardiente de la memoria guaraní y de la democracia directa, porque honró en su persona el apellido originario: Gua: hombre; cu: lengua; rarí: vivaz, ágil; acumulando sus virtudes y llevándolas a la consumación perfecta de una práctica política.

La necesidad colectiva lo formó soldado en cinco campañas liberadoras y la confianza de las masas lo llevó a ser gobernador de Misiones, primero y de la provincia de Corrientes, después.

El comandante general Andrés Guacurarí y Artigas nos dejó dichas cosas hermosas:

“Ea pues, paisanos míos, levantad el sagrado grito de la libertad, destruid la tiranía y gustad el deleite néctar que os ofrezco con las venas del corazón que lo traigo deshecho por vuestro amor”.

Y aquella esperanza en nosotros mismos, donde la memoria guaraní saluda el espartaquismo con la eterna fe de los revolucionarios en la Humanidad y nos habla, todavía, acerca de la actitud debida como ética para cambios históricos:

”La muerte será una gloria, el morir libres y no vivir esclavos que, como héroes los posteriores cantarán”.

Los más antiguos de nosotros recuerdan que Andresito, luego de ser puesto en libertad junto con otros compañeros en Río de Janeiro, igual que lo serían tantos proletarios durante el S. XX, fue desaparecido por el Imperio Portugués, y en esa condición permanece todavía.

Los más antiguos de nosotros nos preguntan si, ante la orden de callar, callaremos; pues quien te manda a callar es porque a costa tuya quiere vivir y llaman a los pueblos de Belgrano y de Artigas, a uruguayos y argentinos por igual, a ser consecuentes y reclamar sus restos al Estado de Brasil, que hoy preside un hijo elegido del pueblo (¿Callarás, MERCOSUR?) y, juntos, repatriar definitivamente su querida memoria.

¡Seamos libres, lo demás no importa nada!

Movimiento Campesino de Formosa – Mo.Ca.For

Villa General Belgrano, Formosa, República Argentina, 30 de noviembre de 2007.
AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

ARTIGUISTAS y OREJANOS

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La Unidad de la América Indo-Española

José Carlos Mariátegui

La Unidad de la América Indo-Española

Escrito: En 1924.
Primera edición: En Variedades, Lima, 6 de diciembre de 1924.
Preparado para el Internet: MIA, mayo de 2000.

LOS PUEBLOS DE LA AMERICA española se mueven, en una misma dirección. La solidaridad de sus destinos históricos no es una ilusión de la literatura americanista. Estos pueblos, realmente, no sólo son hermanos en la retórica sino también en la historia. Proceden de una matriz única. La conquista española, destruyendo las culturas y las agrupaciones autóctonas, uniformó la fisonomía étnica, política y moral de la América Hispana. Los métodos de colonización de los españoles solidarizaron la suerte de sus colonias. Los conquistadores impusieron a las poblaciones indígenas su religión y su feudalidad. La sangre española se mezcló con la sangre india. Se crearon, así, núcleos de población criolla, gérmenes de futuras nacionalidades. Luego, idénticas ideas y emociones agitaron a las colonias contra España. El proceso de formación de los pueblos indo-españoles tuvo, en suma, una trayectoria uniforme.

La generación libertadora sintió intensamente la unidad sudamericana. Opuso a España un frente único continental. Sus caudillos obedecieron no un ideal nacionalista, sino un ideal americanista. Esta actitud correspondía a una necesidad histórica. Además, no podía haber nacionalismo donde no había aún nacionalidades. La revolución no era un movimiento de las poblaciones indígenas. Era un movimiento de las poblaciones criollas, en las cuales los reflejos de la Revolución Francesa había generado un humor revolucionario.

Mas las generaciones siguientes no continuaron por la misma vía. Emancipadas de España, las antiguas colonias quedaron bajo la presión de las necesidades de un trabajo de formación nacional. El ideal americanista, superior a la realidad contingente, fue abandonado. La revoluición de la independencia había sido un gran acto romántico; sus conductores y animadores, hombres de excepción. El idealismo de esa gesta y de esos hombres había podido elevarse a una altura inasequible a gestas y hombres menos románticos. Pleitos absurdos y guerras criminales desgarraron la unidad de la América Ido-española. Acontecía, al mismo tiempo, que unos pueblos se desarrollaban con más seguridad y velocidad que otros. Los más próximos a Europa fueron fucundados por sus inmigraciones. Se beneficiaron de un mayor contacto con la civilización occidental. Los países hispano-americanos empezaron así a diferenciarse.

Presentemente, mientras unas naciones han liquidado sus problemaselementales, otras no han progresado mucho en su solución. Mientras unas naciones han llegado a una regular organización democrática, en otras subsisten hasta ahora densos residuos de feudalidad. El proceso del desarrollo de todas las naciones sigue la misma dirección; pero en unas se cumple más rápidamente que en otras.

Pero lo que separa y aísla a los países hispanoamericanos, no es esta diversidad de horario político. Es la imposibilidad de que entre naciones incompletamente formadas, entre naciones apenas bosquejadas en su mayoría, se concerte y articule un sistema o un conglomerado internacional. En la historia, la comuna precede a la nación. La nación precede a toda sociedad de naciones.

Aparece como una causa específica de dispersión la insignificancia de los vínculos económicos hispano-americanos. Entre estos países no existe casi comercio, no existe casi intercambio. Todos ellos son, más o menos, productores de materias primas y de géneros alimenticios que envían a Europa y Estados Unidos, de donde reciben, en cambio, máquinas, manufacturas, etcétera. Todos tienen una economía parecida, un tráfico análogo. Son países agrícolas. Comercian, por tanto, con países industriales. Entre los pueblos hispanoamericanos no hay cooperación; algunas veces, por el contrario, hay concurrencia. No se necesita, no se complementan, no se buscan unos a otros. Funcionan económicamente como colonias de la industria y la finanza europea y norteamericana.

Por muy escazo crédito que se conceda a la concepción materialista de la historia, no se puede desconocer que las relaciones económicas son el principal agente de la comunicación y la articulación de los pueblos. Puede ser que el hecho económico no sea anterior ni superior al hecho político. Pero, al menos, ambos son consustanciales y solidarios. La historia moderna lo enseña a cada paso. (A la unidad germana se llegó a través del zollverein. El sistema aduanero que canceló los confines entre los Estados alemanes, fue el motor de esa unidad que la derrota, la post-guerra y las maniobras del poincarismo no han conseguido fracturar. Austria-Hungría, no obtante, la heterogeneidad de su contenido étnico, constituía, también, en sus últimos años, un organismo económico. Las naciones que el tratado de paz ha dividido de Austria-Hungría resultan un poco artificiales, malgrado la evidente autonomía de sus raíces étnicas e históricas. Dentro del imperio austro-húngaro la convivencia había concluido por soldarlas económicamente. El tratado de paz les ha dado autonomía política pero no ha podido darles autonomía económica. Esas naciones han tenido que buscar, mediante pactos aduaneros, una restauración parcial de su funcionamiento unitario. Finalmente, la política de cooperación y asistencia internacionales, que se intenta actuar en Europa, nace de la constatación de la interdependencia económicamente de las naciones europeas. No propulsa esa política un abstracto ideal pacifista sino un concreto interés económico. Los problemas de la paz han demostrado la unidad económica de Europa. La unidad moral, la unidad cultural de Europa no son menos evidentes; pero sí menos válidas para inducir a Europa a pacificarse.)

Es cierto que estas jóvenes formaciones nacionales se encuentran desparramadas en un continente inmenso. Pero, la economía es, en nuestro tiempo, más poderosa que el espacio. Sus hilos, sus nervios, suprimen o anulan las distancias. La exigüidad de las comunicaciones y los transportes es, en América indo-española, una consecuencia de la exigüidad de las relaciones económicas. No se tiende un ferrocarril para satisfacer una necesidad del espíritu y de la cultura.

La América española se presenta prácticamente fraccionada, escinda, balcanizada (1). Sin embargo, su unidad no es una utopía, no es una abstracción. Los hombres que hacen la historia hispano-americana no son diversos. Entre el criollo del Perú y el criollo argentino no existe diferencia sensible. El argentino es más optimista, más afirmativo que el peruano, pero uno y otro son irreligiosos y sensuales. hay, entre uno y otro, diferencias de matiz más que de color.

De una comarca de la América española a otra comarca varían las cosas, varía el paisaje; pero no varía el hombre. Y el sujeto de la historia es, ante todo, el hombre. La economía, la política, la religión, son formas de la realidad humana. Su historia es, en su esencia, la historia del hombre.

La identidad del hombre hispano-americano encuentra una expresión en la vida intelectual. Las mismas ideas, los mismos sentimientos circulan por toda la América indo-española. Toda fuerte personalidad intelectual influye en la cultura continental. Sarmiento, Martí, Montalvo, no pertenecen exclusivamente a sus respectivas patrias; pertenecen a Hispano- América. Lo mismo que de stos pensadores se puede decir de Darío, Lugones, Silva, Nervo, Chocano y otros poetas. Rubén Darío está presente en toda la literatura hispanoamericana. Actualmente, el pensamiento de Vasconcelos y de Ingenieros son los maestros de una entera generación de nuestra América. Son dos directores de su mentalidad.

Es absurdo y presuntuoso hablar de una cultura propia y genuinamente americana en germinación, en elaboración. Lo único evidente es que una literatura vigorosa refleja ya la mentalidad y el humor hispano-americanos. Esta literatura – poesía, novela, crítica, sociología, historia, filosofía – no vincula todavía a los pueblos; pero vincula, aunque no sea sino parcial y débilmente, a las categorías intelectuales.

Nuestro tiempo, finalmente, ha creado una comunicación más viva y más extensa: la que ha establecido entre las juventudes hispano-americanas la emoción revolucionaria. Más bien espiritual que intelectual, esta comunicación recuerda la que concertó a la generación de la independencia. Ahora como entonces la emoción revolucionaria da unidad a la América indo-española. Los intereses burgueses son concurrentes o rivales; los intereses de las masas no. Con la Revolución Mexicana, con su suerte, con su ideario, con sus hombres, se sienten solidarios todos los hombres nuevos de América. Los brindis pacatos de la diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.

EL DISCURSO INAUGURAL DE ARTIGAS AL CONGRESO

«Ciudadanos: el resultado de la campaña pasada me puso al frente de vosotros por el voto sagrado de vuestra voluntad general. Hemos recorrido 17 meses cubiertos de la gloria y la miseria, y tengo la honra de volver a hablaros en la segunda vez que hacéis uso de vuestra soberanía. En ese período yo creo que el resultado correspondió a vuestros designios grandes. Él formará la admiración de las edades. Los portugueses no son los señores de nuestro territorio. De nada habrían servido nuestros trabajos, si con ser marcados con la energía y constancia no tuviesen por guía los principios inviolables del sistema que hizo su objeto.
Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana. Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y ved ahí también todo el premio de mi afán. Ahora en vosotros está el conservarlo. Yo tengo la satisfacción honrosa de presentaras de nuevo mis sacrificios y desvelo, si gustáis hacerlo estable. Nuestra historia es la de los héroes. El carácter constante y sostenido que habéis ostentado en los diferentes lances que ocurrieron, anunció al mundo la época de la grandeza. Sus monumentos majestuosos se hacen conocer desde los muros de nuestra ciudad hasta las márgenes del Paraná.
Cenizas y ruinas, sangre y desolación, he ahí el cuadro de la Banda Oriental, y el precio costoso de su regeneración. Pero ella es pueblo libre. El estado actual de sus negocios es demasiado crítico para dejar de reclamar su atención. La asamblea general tantas veces anunciada empezó ya sus sesiones en Buenos Aires. Su reconocimiento nos ha sido ordenado. Resolver sobre este particular ha dado motivo a esta congregación, porque yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulneraría enormemente vuestros derechos sagrados si pasase a decidir por mí una materia reservada sólo a vosotros. Bajo ese concepto, yo tengo la honra de proponemos los tres puntos que ahora deben hacer el objeto de vuestra expresión soberana. 1º. Si debemos proceder al reconocimiento de la Asamblea General antes del allanamiento de nuestras pretensiones encomendadas a vuestro diputado don Tomás García de Zúñiga. 2º. Proveer de mayor número de diputados que sufraguen por este territorio en dicha asamblea. 3º. Instalar aquí una autoridad que restablezca la economía del país. Para facilitar el acierto en la resolución del primer punto, es preciso observar que aquellas pretensiones fueron hechas consultando nuestra seguridad ulterior. Las circunstancias tristes a que nos vimos reducido por el expulso Sarratea, después de sus violaciones en el Ayuí, era un reproche tristísimo a nuestra confianza desmedida, y nosotros cubiertos de laureles y de glorias, retornábamos a nuestro hogar llenos de execración de nuestros hermanos, después de haber quedado miserables, y haber prodigado en obsequio de todos quince meses de sacrificio. El ejército conocía que iba a ostentarse el triunfo de su virtud, pero él temblaba por la reproducción de aquellos incidentes fatales que lo habían conducido a la precisión del Yi; él ansiaba por el medio de impedirla y creyó a propósito publicar aquellas pretensiones. Marchó con ellas nuestro diputado. Pero habiendo quebrantado la fe de la suspensión el señor de Sarratea, fue preciso activar con las armas el artículo de su salida. Desde ese tiempo empecé a recibir órdenes sobre el reconocimiento en cuestión. El tenor de mis contestaciones es el siguiente: Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Ese carácter debe ser su único objeto, y formar el motivo de su celo. Por desgracia, va a contar tres años nuestra revolución, y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Todo extremo envuelve fatalidad; por eso una desconfianza desmedida sofocaría los mejores planes, ¿pero es acaso menos terrible un exceso de confianza? Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es muy veleidosa la probidad de los hombres, sólo el freno de la Constitución puede afirmarla. Mientras ella no exista, es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece. Yo opinaré siempre, que sin allanar las pretensiones pendientes. No debe ostentarse el reconocimiento y jura que se exigen. Ellas son consiguientes del sistema que defendemos y cuando el ejército las propuso, no hizo más que decir quiero ser libre.
Orientales: sean cuales fuesen los cálculos que se formen, todo es menos temible que un paso de degradación, debe impedirse hasta el que aparezca su sombra. Al principio todo es remediable. Preguntaos a vosotros mismos si queréis volver a ver crecer las aguas del Uruguay con el llanto de vuestras esposas, y acallar en sus bosques el gemido de vuestros tiernos hijo; paisanos: acudid sólo a la historia de vuestras confianzas. Recordad las amarguras del Salto; corred los campos ensangrentados de Bethlem, Yapeyú, Santo Tomé y Tapecuy; traed a la memoria las intrigas del Ayuí, el compromiso del Yi, y las transgresiones del Paso de la Arena.
¡Ah, cuál execración será comparable a la que ofrecen eso cuadros terribles!. Ciudadanos: la energía es el recurso de las almas grandes. Ella nos ha hecho hijo de la victoria, y plantando para siempre el laurel en nuestro suelo. Si somos libres, si no queréis deshonrar vuestros afanes, cuasi divinos, y si respetáis la memoria de vuestros sacrificios, examinad si debéis reconocer la asamblea por obedecimiento o por pacto. No hay un solo motivo de conveniencia para el primer caso que no sea contrastaba en el segundo, y al fin reportaréis la ventaja de haberlo conciliado todo con vuestra libertad inviolable. Esto ni por asomo se acerca a una separación nacional; garantir las consecuencias del reconocimiento no es negar el reconocimiento, y bajo todo principio nunca será compatible un reproche a vuestra conducta, en tal caso, con las miras liberales y fundamentos que autorizan hasta la misma instalación de la asamblea. Vuestro temor la ultrajaría altamente y si no hay motivo para creer que ella vulnere vuestro derecho, es consiguiente que tampoco debemos tenerle para atrevemos a penar que ella increpe nuestra precaución. De todos modos la energía es necesaria. No hay un solo golpe de energía que no sea marcado con el laurel. ¿Qué glorias no habéis adquirido ostentando esa virtud? Orientales: visitad las cenizas de vuestros conciudadanos; ¡ah! ¡qué ellas desde lo hondo de sus sepulcros no os amansen con la venganza de una sangre que vertieron para hacerla servir a nuestra grandeza! Ciudadano: pensad, meditad y no cubráis de oprobio las glorias, los trabajos de quinientos veinte y nueve días en que visteis la muerte de vuestros hermanos, la aflicción de vuestras esposas, la desnudez de vuestros hijos, el destrozo y exterminio de vuestras haciendas, y en que visteis restar sólo los escombros y ruinas por vestigio de vuestra opulencia antigua. Ellos forman la base del edificio augusto de nuestra libertad. Ciudadanos: hacernos respetables es la garantía indestructible de vuestros afanes ulteriores por conservarles. A cuatro de abril de mil ochocientos trece. Delante de Montevideo.

José Artigas

INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII

“Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España, es y debe ser totalmente disuelta.”


“Art. 2 – No admitirá otro sistema que el de Confederación para el pacto recíproco con las provincias que formen nuestro Estado.”
“Art. 3 – Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.”
“Art. 4 – Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los Pueblos, cada Provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.”
“Art. 5 – Así este como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.”
“Art. 6 – Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí y serán independientes en sus facultades.”
“Art. 7 – El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al gobierno de cada Provincia.”
“Art. 8 – El territorio que ocupan estos Pueblos de la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa, forma una sola Provincia, dominante: LA PROVINCIA ORIENTAL.”
“Art. 9 – Que los siete pueblos de Misiones, los de Batovi, San Rafael y Tacuarembó, que hoy ocupan injustamente los portugueses y a su tiempo deben reclamarse, serán en todo tiempo territorio de esta Provincia.”
“Art. 10 – Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras, para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad, obligándose a asistir a cada una de las otras contra toda violencia o ataques hechos sobre ellas, o sobre algunas de ellas, por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea.”
“Art. 11 – Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la Confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.”
“Art. 12 – Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos, poniéndose la correspondiente aduana en aquel pueblo; pidiendo al efecto se oficie al comandante de las fuerzas de S.M.B. sobre la apertura de aquel puerto para que proteja la navegación o comercio de su nación.”
“Art. 13 – Que el puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior.”
“Art. 14 – Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se dé por cualquiera regulación de comercio o renta, a los puertos de una provincia sobre los de otra; ni los barcos destinados de esta provincia a otra serán obligados a entrar, a anclar o pagar derecho en otra.”
“Art. 15 – No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de extranjeros que mueren intestados, sobre multas y confiscaciones que se aplicaban antes al Rey y sobre territorios de éste, mientras ella no forma su reglamento y determine a qué fondos deben aplicarse, como única al derecho de hacerlo en lo económico de su jurisdicción.”
“Art. 16 – Que esta Provincia tendrá su constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas que forme la Asamblea Constituyente.”
“Art. 17 – Que esta Provincia tiene derecho para levantar los regimientos que necesite, nombrar los oficiales de compañía, reglar la milicia de ella para la seguridad de su libertad, por lo que no podrá violarse el derecho de los pueblos para guardar y tener armas.”
“Art. 18 – El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los Pueblos.”
“Art. 19 – Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.”
“Art. 20 – La constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus derechos, libertad y seguridad de su soberanía, que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y así mismo prestaría. toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad, a todo cuanto crea, o juzgue, necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la libertad, y mantener un gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria. Para todo lo cual, etc.”


“Delante de Montevideo, 13 de abril de 1813.”

El terror en los tiempos del “nanoarmamento”

RAPIDOS APUNTES PARA CONOCER AL ENEMIGO SIN TEMERLE

El terror en los tiempos
del “nanoarmamento”

Triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no.
Sun Tzu *1

 Es el factor humano y no los recursos militares los que deciden la guerra.
Vô Nguyên Giap *2

El físico norteamericano Richard Feynman [3], el 29 de diciembre de 1959, en el marco de una conferencia dictada en la “American Physical Society” abordó, con clarividencia inusitada, los verdaderos alcances de la manipulación de la materia a escala atómica. Tituló su exposición así: “Hay mucho sitio en lo más hondo”.
Seguramente no se refería a lo relacionado con la ilimitada capacidad destructiva del inframundo mental de los halcones del imperio mundializador y asesino de hoy. Sin embargo esa hora ha llegado y no es ficción sino ciencia; ya no son teorías sino hechos.

La ciencia y la tecnología, como producto cultural, no son nunca elementos disociados de un posicionamiento ideológico, político y ético; son, como toda elaboración humana, expresión concreta de una concepción del mundo. La ciencia en sí favorece las premisas para una elaboración tecnológica y ésta se orienta en el sentido de los intereses de la clase que la controla en el marco de explotación que las relaciones de producción, en el seno del sistema, propician.

En la última década, el desarrollo de estas tecnologías en el campo de la guerra se ha profundizado de manera inimaginable, haciendo palidecer, incluso, las más fantasiosas elucubraciones de los guionistas hollywoodenses y dejando en el escenario de lo obsoleto lo que ciertos filmes bélicos nos muestran desde las pantallas.

En principio cabe detallar, someramente, qué es la nanotecnología como desarrollo y aplicación práctica a las estructuras y sistemas en escala nano [4]; en tal sentido es interesante señalar que el término “nanotecnología” es acuñado en la segunda mitad de los setenta por Nomo Taniguchi [5] en vinculación con la fabricación y manipulación de elementos a partir de diferentes capacidades en la precisión de dichas prácticas. Sugirió, con aproximación aceptable, que a partir del año 2000 la producción de piezas con tecnologías habituales daría paso a otras instancias superiores donde los niveles de ultraprecisión superarían la capacidad de concepción y manipulación de productos tecnológicos hasta cien veces menores (en relación a su tamaño).

En vinculación con la industria armamentista, estas tecnologías permiten y permitirán a quienes las posean, las controlen y las desarrollen, una ventaja estratégica fundamental en el campo del armamento, que no es igual a decir que posean una ventaja en la guerra como proceso. Esta ventaja, en directa vinculación con el poder económico y el grado de desarrollo de las investigaciones, favorecerá -una vez más- a quienes detentan un poder que se retroalimenta desde diversas áreas en un círculo ascendente que coloca, otra vez, a los países dependientes y a los pueblos del mundo en una posición incómoda. De igual modo, los Estados Unidos no son ni por asomo la única potencia que está invirtiendo fuertemente en el desarrollo de estas tecnologías; China, por citar un protagonista importante de la geopolítica mundial, no sólo está investigando seriamente sino que destina para ello más científicos e ingenieros especializados en la materia que el propio imperio norteamericano. India es otro activo agente en el desarrollo de estas investigaciones, y en la Comunidad Europea se comienzan a definir y propiciar, desde algunos gobiernos, importantes partidas de dinero a distintos organismos públicos y privados para la investigación nanotecnológica en su vinculación con el armamento y la guerra. [6]

Espías omnipresentes, armas autónomas, soldados inteligentes;
todo es posible en esta dimensión desconocida.

La nanotecnología y las “nano-armas” dotarán a las guerras del futuro de una dinámica diferente a las habituales y que hemos conocido en los siglos XIX y XX; sin lugar a dudas, estas guerras provocarán efectos infinitamente más extraordinarios y dañinos (aunque muchas veces invisibles) que los que pudieron resultar del armamento convencional, del atómico, del químico y del bacteriológico. Las “nano-armas” son la quintaesencia de la dominación militar; son y serán, si cabe la paradoja, ya no armas inteligentes sino “pensantes”, en un sentido cuasi literal.

En este plano y desde un terreno multidisciplinario, cabe comprender que, el control de las tecnologías para trabajar a escala nanométrica implica, en la hora actual, la capacidad de combinar e imbricar elementos tecnológicos y biológicos a nivel celular, lo que significa, en este campo, que estamos hablando de la generación de nuevos elementos y por ende, tejidos y seres que ya son, desde su conformación híbrida, una supra especie ya no biológica o tecnológica sino bio-tecnológica con capacidades especiales e impuestas desde su concepción por los científicos que generan estas instancias. Es esta síntesis biológico-tecnológica no nueva ni reciente pero, combinada con la capacidad de la manipulación a escala nano y enmarcada en la estrategia militar, significa un verdadero salto cualitativo descomunal e inconcebible más allá de la valoración ética que pueda hacerse al respecto.

El “Gran hermano” de Orwell, perfilado en su novela “1984”, es un simple juego de niños en lo que atañe a la vigilancia y el control del individuo y los grupos sociales en comparación con lo que ya sucede y lo que nos depara el futuro inmediato. Estos aspectos clave en lo militar (la vigilancia y la prevención) son unos de los más visiblemente desarrollados hasta ahora; sin embargo, en virtud de las posibilidades que ofrece la nanotecnología, las formas actuales de vigilancia son obsolescentes en relación a las nuevas estrategias trazadas.

En este aspecto, y sólo por citar algunas cuestiones generales, podemos mencionar las investigaciones del “New Jersey Nanotechnology Consortium” [7], fundado a comienzos del milenio por Lucent Technologies y los laboratorios Bell; este centro de investigación está desarrollando importantes planes en el campo de la defensa estratégica con tecnología híbrida a escala nano. En esta materia se ha avanzado en dotar a las estaciones terrestres de observación y a los satélites orbitales, de mayor capacidad combinada de operatividad y performance; para ello se trabaja en la generación de sensores para control del cielo, la tierra y el mar con lentes que desarrollarían dinámicas similares y superiores a las del ojo humano. De igual modo se están desarrollando nanosensores olfativos y auditivos; en el primero de los casos se trabaja en prototipos que tienen la misma capacidad olfativa que los perros y, en el segundo de los casos, en nanomicrófonos que eliminan sonidos de fondo y seleccionan el elemento a escuchar, aún en un campo de batalla.

En el terreno de la prevención y la contraofensiva cabe expresar que las investigaciones y el desarrollo de prototipos también se encuentra avanzado a niveles alarmantes; podemos concebir, sin temor a error, que se estén desarrollando patrullas de vigilancia nanorobóticas a ser lanzadas en un terreno de operaciones determinado con capacidad de obstruir las telecomunicaciones del “enemigo” y dejar inerme toda la logística electrónica vinculada a su defensa. Se concibe como probable y posible, también, que se estén desarrollando nanopartículas biotecnológicas inteligentes que se introduzcan en el cuerpo de “elementos hostiles” y permanezcan en estado de latencia hasta que puedan ser activadas por una señal específica.

Más allá de nuestra incredulidad, cabe analizar que, si estas informaciones están de manera relativa a nuestro alcance, la realidad concreta debe haber avanzado a puntos más “altos” en este terreno. La creación de una interfaz tecno-biológica, capaz de conseguir que un arma reconozca a su dueño y sea operativa sólo bajo su mando (cual si fuera un perro amaestrado), es otra área de trabajo ya abordada; mal que nos pese.

Manipulados, controlados y dirigidos a distancia.

La clase dominante, amén del poder que le brinda la riqueza expropiada y la superestructura construida para preservar dicha realidad, cuenta -debemos saberlo- con científicos mercenarios y mentes afiebradas capaces de concebir las más aberrantes formas de control de los ciudadanos.

Un sujeto paradigmático de esta capacidad, rayana en lo anormal, para negar la esencia humana es el neurofisiólogo José Delgado, de origen español y residente desde la década del 50 en la sede imperial; fue en un periodo Director de la Escuela de Medicina de la Facultad de Yale, antro -elitista si los hay- del cual surgen muchos de los cuadros intelectuales y científicos de la bestia en celo.

Este sujeto tuvo, tempranamente, la bonita idea de crear una sociedad cibernoide mentalmente controlada; a este engendro le llamó sociedad “Psico-civilizada”. Dijo, y existe documentación diversa al respecto, lo siguiente: “Necesitamos un programa de psico cirugía apto para el control político de nuestra sociedad. Nuestro objetivo debe ser el control físico de la mente. Cada individuo que se desvíe de la norma rectora puede y debe ser mutilado quirúrgicamente”. Agregaba con proverbial sutileza : “El hombre no tiene derecho a desarrollar su propia mente. Debemos controlar eléctricamente el cerebro.”

Permítasenos repetir que este individuo fue promovido a una responsabilidad de doctorado en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos de Norteamérica; esto no es casual ni antojadizo.

Este aspecto del trabajo de intervención mental (verdadera lobotomía proactiva) ya está en marcha. Se implantan chips en el cerebro, los cuales actúan induciendo y/o interfiriendo artificialmente al individuo en cuestión. Ya se está trabajando este aspecto en instancias de hibridación a escala nano a nivel neuronal a efectos de evitar implantación de chips tradicionales y utilizar el propio sistema nervioso del individuo en cuestión (nano-adaptado)  como garantía de su propia anulación como ser pensante. Abominable pero cierto; como el sistema de dominación que lo posibilita.


¿En el terreno de las hipótesis? 

Imaginemos un campo de batalla: ¿América?; elijamos una región: ¿el Cono Sur? Aceptemos como buena la hipótesis de un estallido social y de un proceso combinado de lucha guerrillera urbana y rural junto con una situación revolucionaria; imaginemos el cuartel general de la revolución y a su estado mayor debatiendo la táctica para el asalto a la fortaleza enemiga y el golpe de gracia al lacayo de turno.

El comandante UNO, sobre la mesa (en una tienda de campaña o en un oscuro sótano de algún perdido poblado suburbano), agita sus brazos, ordena, requiere y gesticula. A su lado, la plana mayor del ejército revolucionario estudia mapas, rutas de ataque y de repliegue; comunica partes de batalla y recibe información interceptada al enemigo. Sobre ellos un molesto insecto revolotea, zumba y fastidia; los manotazos al vacío intentan despachar a esa pequeña mosca molesta. En algún lugar del imperio, frente a una pantalla de algún súper ordenador de última generación, ese insecto con un único par de alas, se observa activo. Sus ojos, conformados con hasta 4.000 facetas, vuelcan imágenes recogidas por una “bio-tecno-nano-cámara” integrada a su organismo. El Departamento de Estado corrige tácticamente su plan de trabajo. Un miliciano rebelde, con un golpe seco, aplasta al molesto insecto sobre la solapa de su uniforme verde oliva. El imperio tiembla.


COROLARIO

 No hay imperios invencibles; cayó Roma, fue derrotado Napoleón, sucumbió la bestia nazi frente al coraje del pueblo soviético y el ejército rojo; venció Viet Nam y venció Cuba. Ningún imperio puede vencer ante una guerra prolongada de todo el pueblo; el imperio no resiste una lucha de guerrillas en terreno hostil durante mucho tiempo; el imperio es un centro de mando y unas fuerzas bélicas en un terreno de operaciones determinado pero su fortaleza militar se ve disminuida por la escasa o nula fortaleza ideológica de sus soldados y por la escasa o nula cohesión existente entre su mando y su propio pueblo.

Los pueblos en lucha, dialécticamente enlazados a las vanguardias político-militares, han sabido vencer siempre a los opresores, aún en el marco de evidente desventaja tecnológica en el plano militar. Así será.

 

Alejandro García Ruiz
Montevideo, Uruguay, 1 de abril de 2007

NOTAS:

[1]                  Sun Tzu, general chino que vivió alrededor del siglo V (aC). La colección de ensayos sobre el arte de la guerra, a él atribuida, es el tratado más antiguo que se conoce sobre el tema. A pesar de su antigüedad sus conceptos siguen manteniendo vigencia.

[2]                 Vô Nguyên Giap (1945-1980), general y ministro de Defensa vietnamita  y figura destacadísima en la victoria militar de Vietnam. Experto en la táctica de guerra de guerrillas, planificó y dirigió las operaciones contra los franceses que culminaron con la derrota de éstos en la batalla de Dien Bien Phu . En la década de 1960, Giap supervisó las operaciones guerrilleras contra Vietnam del Sur y Estados Unidos y planificó la ofensiva final (conocida como del Têt) en 1968, la cual significó un tremendo golpe psicológico para los norteamericanos.

[3]                 Richard Phillips Feynman (1918-1988), físico y premio Nobel estadounidense, nació en Nueva York y estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y en la Universidad de Princeton. En 1942 Feynman participó en los preámbulos del proyecto Manhattan, el programa de desarrollo de la bomba atómica de Estados Unidos. Prosiguió este trabajo durante la II Guerra Mundial en el laboratorio de Los Álamos en Nuevo México. Desde el 45 hasta  el 50 dio clases de física en la Universidad de Cornell. En 1950 fue profesor del Instituto de Tecnología de California. Compartió el Premio Nobel de Física del año 1965 con el estadounidense Julian S. Schwinger y el japonés Shin’ichirō Tomonaga. Feynman fue nominado por su investigación de la transformación de un fotón en un electrón y en un positrón, y el descubrimiento de un método para medir los cambios producidos en la carga y en la masa. Tuvo un papel relevante en la comisión que investigó la explosión de la lanzadera espacial Challenger en 1986.

[4]                 Nano (1 nanómetro, nm,
equivale a 10-9 metros).

[5]                 Nomo Taniguchi ( científico japonés).

[6]                 “Plan (español) Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 20004 – 2007”, versión en formato PDF (Área Seguridad y defensa, páginas 104 a 108) en internet en: www.

[7]                 New Jersey Nanotechnology Consortium, en internet (www.njnano.org)

 

Del Manifiesto Comunista al hoy y al mañana

Apuntes para una teoría de la revolución socialista en el Siglo XXI

Del Manifiesto Comunista al hoy y al mañana

 

Un espectro se cierne sobre América…

 

 

 

“Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones.  Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista.  Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.

 

 (Párrafo de cierre del Manifiesto Comunista de Marx y Engels)

 

 

Agradecimientos:

 

A mi compañera, fuente de energía inagotable; inocente, al menos,
de las implicancias prácticas del presente trabajo, aunque no así
de sus líneas fundamentales de razonamiento.

 

A Gonzalo Abella, maestro, historiador y revolucionario consecuente  iluminador de oscuridades y desfacedor de entuertos.

 

A Karl, viejo bandido y a Vladimir, viejo zorro;

con sus permisos no manifiestos.

 

 

 

A modo de preámbulo y enunciación sinóptica
de la presente tesis

 

Los padres fundadores del movimiento comunista internacional, en el siglo XIX, contaban con una cultura enciclopédica, una inteligencia rayana en lo genial, un tesón pocas veces superado por los intelectuales y un posicionamiento de clase inconmovible e inamovible. En ese marco realizaron proezas teóricas y prácticas que hasta el presente nos iluminan y nos interpelan. Desde ellos, por ellos y por los proletarios y pueblos del mundo es que aportamos, y apostamos, este ramillete de ideas, dudas, preguntas y también, por qué no, algunas escasas certezas. Por tanto el presente trabajo, modesto y a vuelapluma, busca principalmente, aunque no tan sólo, repensar la teoría a la luz de los procesos acaecidos en el lapso de 1848 a 2006 en sus aristas más salientes y significativas. Éstas aportan -más allá de la miopía que produce la pasión, la mezquindad y la insuficiencia analítica (aisladas o combinadas), claves a desarrollar, ya no con la conceptuosa paciencia y metodología del anátomo patólogo que clasifica sin más objeto que la catalogación de la certidumbre rutinaria de lo sucedido, lo pasado, lo muerto, sino, -desde la optimista visión del artista, el loco o el revolucionario- en la dirección imprescindible de un amanecer mundial, colectivo e irreversible.

 

Desde lo teórico y lo concreto, las ideas rectoras de esta ponencia apuntan a retomar el que creemos “hilo conductor” del pensamiento de Marx y Engels, el cual creemos que, en rigor conceptual deberíamos denominar materialismo dialéctico en virtud de que extirpa -a la vez- a priori cualquier pretensión sesgada y permite hacer hincapié en lo sustantivo del “cuerpo” conceptual y metodológico. Este hilo conductor, desde la economía, la filosofía y la política, buscaba y busca (unísonamente) afirmar y negar; comprender lo dado para subvertirlo; aceptar los hechos para criticarlos. El materialismo dialéctico es un arma vigente en el siglo XXI, tanto a la luz de la caída del “socialismo real” como enfrentado a la vorágine tecnológica y científica; permeable a la adquisición de nuevos datos de la realidad en todas las áreas pero indemne, al fin, a sus implicancias. Ni los procesos económicos en la etapa imperialista analizada por Lenin, ni la actual etapa imperialista-mundializadora apoyada en el aparato jurídico-coercitivo mundial ni la posmodernidad vacua y relativista a ultranza en el campo de la filosofía han herrumbrado el corpus teórico materialista dialéctico. La ciencia y la tecnología han avanzado en campos inimaginables; la cuántica y la nanotecnología campean en un mundo que parece inabarcable y ajeno y, sin embargo, en el fondo y trasfondo de esa trama invisible, el núcleo duro del pensamiento plasmado en el “Manifiesto” permanece indemne, acusador, inquisidor y adolescente; pronto a madurar en la conciencia de los pueblos que, una vez más, demuestran en los hechos que la historia siempre comienza. En ella estamos, desde ella teorizamos y a ella y por ella vamos.

 

¿”Globalización” o mundialización?
Tráfico de paradigmas

 

La clase dominante desde su poder económico y, fundamentalmente, desde la superestructura, maneja un conjunto de resortes operativos que, en el desarrollo de los procesos le ha permitido lograr, de manera articulada, prevalecer incluso en el terreno de lo ideológico. Esto se demuestra en el hecho incontestable que, casi a escala planetaria, los sectores objetivamente explotados y expoliados por el sistema carecen de paradigmas propios y, de manera alarmante, asumen como suyos los elaborados concientemente y con finalidad evidente de dominación por la intelectualidad funcional al capital y el imperio mundial. Estas nuevas cuentas de colores ofician entonces como primer barrera cultural de defensa proactiva del status quo.

Este status quo -que no es nunca una congelación del desarrollo de los procesos sino una constante adaptación a nuevas condiciones en donde lo único y fundamental que permanece incambiado son las relaciones de producción- con astucia e inteligencia innegables, toma para sí cuestiones caras al campo popular que en su momento significaron verdaderas conquistas obtenidas con sangre por los sectores combativos. Una vez superadas determinadas condiciones donde la lucha de clases observa agudizaciones crecientes, el sistema se apropia de lo que hasta ese momento era revulsivo y tomándolo lo neutraliza, le quita el verdadero sentido subversivo y lo ofrece (como “nuevo” paradigma devaluado) a la clase que dio todo por esa nueva calidad en las relaciones sociales en un contexto histórico determinado. Así la democracia, el voto, la representatividad, la organización sindical, los derechos humanos, las reivindicaciones económicas, sociales y políticas son siempre manejadas con esa capacidad de amortiguación y freno. Para la burguesía todos los derechos son sagrados y deben garantizarse siempre y cuando su supremacía (la de la clase dominante) no se vea afectada. De tal suerte, toda una cadena de reclamos populares que, en diversos momentos se arrancaron por la fuerza en determinado marco concreto, terminan siendo una panacea que a la clase dominante le significa una ínfima pérdida en comparación con su máxima ganancia: la preservación del sistema de relaciones económico-sociales de explotación; “París bien vale una misa” se ha dicho y bien vale entonces otorgar unas libertades que apaguen el fuego de los irredentos o, al menos, lo calme hasta nuevos estallidos que poner en juego “al rey”, o sea la propiedad de los medios de producción. Históricamente, salvo excepciones de importancia singular, la lucha de clases ha observado dos tipos de contiendas radicales, unas que han logrado arrancar a las clases poderosas aspectos parciales y conquistas concretas en diferentes planos y otras que han logrado arrancarle el poder y transformar las sociedades en un giro de ciento ochenta grados. Sucede que muchas veces en las primeras de las condiciones, es decir en el terreno de las reformas y no en el de las revoluciones, la nueva correlación surgida luego de conquistadas ciertas cuestiones de importancia para el campo popular y la situación de reflujo de la lucha permiten que la burguesía se recomponga y no siempre sucede lo mismo en el campo que nos interesa pararnos desde estos análisis. Hemos visto en las últimas décadas, y vemos hoy, a amplios sectores populares llevar el ascenso de la lucha a situaciones de aparente “ruptura” reivindicando aspectos estrictamente imbricados con la democracia burguesa representativa, defendiendo el sistema, privilegiando el marco jurídico y legal y haciendo suyos paradigmas que en otras etapas históricas eran reivindicaciones radicales y cuasi revolucionarias pero que, en la nueva coyuntura, son solamente interés vital de las oligarquías, burguesías y pequeño-burguesías en ascenso jugadas a la preservación del sistema. En nuestro continente hemos observado recientemente, verdaderos alzamientos populares en distintos países, quizá el más significativo en Argentina a comienzos del milenio con consignas de escaso o nulo contenido de clase, como el famoso “que se vayan todos” que, en unas acciones de carácter táctico y eminentemente “activistas” y no articuladas desde los conceptos clásicos de la estrategia y la acción partidaria revolucionaria organizada, logró corromper el sustento de gobernabilidad (junto con la propia impericia y niveles de corrupción mayúsculos de dichos gobiernos) de varios presidentes en pocas semanas. Estas luchas populares se dieron de manera sostenida, frontal y valiente; hubo muertos, heridos, presos y reprimidos en la vereda del pueblo y, en última instancia, el paradigma sobre el cual se apoyaban estas movilizaciones y luchas era (concientemente o no) el de la democracia representativa burguesa. Cayeron los gobiernos, se mantuvo el régimen y el sistema jamás estuvo en riesgo. Las clases dominantes salen fortalecidas en el nuevo marco de descompresión social y política y “dejan” a nuevos funcionarios “funcionales” la tarea de gobernar en un marco de hipnosis colectiva, de frustración y de descontento. Escasa organicidad surge de este tipo de combates y no se educa a las masas en ideas revolucionarias. Muchas veces líderes sociales y políticos de estos movimientos populares administran la “presión” del descontento de masas y lo encaminan tacticistamente en función ya no de los intereses de los procesos sino en el sentido de las necesidades pasajeras, coyunturales y muchas veces mezquinas y de proyección de ciertos aparatos e individuos. Bolivia y la guerra del agua, la caída del gobierno, el papel jugado por algunos dirigentes y la apuesta al paradigma democrático representativo otra vez prevalece. Hoy Bolivia se encuentra en un proceso donde deben tomarse definiciones en aspectos que hacen a la esencia del sistema y de las relaciones de clases. Hasta ahora, y fundamentalmente con la cuestión de los hidrocarburos, todo indica que la situación es de inercia a favor del sistema.

Afirmamos que carecemos de paradigmas, que cuando en el marco de ascenso de la lucha de clases se logra un estandarte conceptual que signe la tarea del pueblo esta lucha es, casi siempre, menos visible pero más efectiva; los procesos más lentos pero, en ese marco de luchas prolongadas, la posibilidad de escapar a la hipnosis es mayor si conservamos ese paradigma propio de la clase explotada y expoliada. Ese paradigma debe ser el socialismo, la abolición de la explotación del hombre por el hombre, la revolución.

Hace ya casi dos décadas que se ha filtrado en el campo popular, producto de la tenaz propaganda imperialista, la “idea” de que esta sociedad tiende a la globalización y que este es, por tanto, un proceso inclusivo, democratizador y que amortigua o anula las contradicciones y que, en esta etapa, se logrará idílicamente una mejora de la calidad de vida de miles de millones en un marco de paz, igualdad y fraternidad. El correlato objetivo, material y concreto a este cuento de hadas paradigmático es la brutal militarización del imperio mundializador y una acción guerrerista y aniquiladora cada vez más creciente y desvergonzada por parte del Departamento de Estado. En zonas crecientes del planeta se muere por hambre a pocos metros de sembradíos y ganado, o de sed y enfermedades que en Europa y los países capitalistas y desarrollados hace décadas o siglos que no provocan una sola baja. CNN nos muestra guerras sin muertes, “democracias” nacientes sobre cadáveres informes, al tiempo que la autopista de la información es cada vez más un camino marginal atiborrado de basura y pornografía, mientras la verdadera información es censurada incluso en las metrópolis del “primer” mundo y la cultura es un lujo sofisticado para unos pocos elegidos en algunas naciones.

Sin embargo el paradigma de la “globalización” está fortalecido y muchas veces intelectuales progresistas lo propagan alegremente, señalando que es una etapa que está “llegando” y que debe esperarse con paciencia.

Mientras se nos pide paciencia y se nos “inoculan” paradigmas desde la rosca oligárquica mundial y sus medios de desinformación masiva, se avanza en el saqueo de las materias primas en todo el planeta, se destruye el ambiente a escala apocalíptica y se divide el mundo en zonas estratégicas en vinculación con distintos niveles de división del trabajo, la rapiña y la contaminación. Toda esta articulación imperial-mundial es salvaguardada con su necesario correlato superestructural, pseudo jurídico y militar donde en última instancia este aspecto (el militar) define.

 

¿ “Hegemonía” o simple imperialismo económico

y político-militar?

 

Tal lo que venimos desarrollando en relación con la sustitución de verdaderos paradigmas por otros falsos a ser “adoptados” por la clase desposeída en aras de su empantanamiento y las falacias a modo de eufemismos que se elaboran con carga anestésica y disuasoria para ser lanzadas al campo popular, se ha venido afirmando una tendencia marcada en el sentido de expresar que, en el imperialismo actual en tanto estadio de desarrollo, su fuerza principal -en tanto expresión de poder concreto-, cuenta con una superioridad en el actual escenario producto de una “hegemonía” sobre otras fuerzas imperialistas y también sobre (claro está) los pueblos y países que no se encuentran en una etapa de consolidación de un capitalismo y un desarrollo fuerte.

Este concepto de hegemonía pretende, por una parte, mostrar una pretendida superioridad anclada en las propias virtudes, capacidades y potencialidades de la fuerza principal imperialista, es decir los Estados Unidos; por otra parte, al hablar de hegemonía, se oculta (voluntaria o involuntariamente) el hecho incontrastable y evidente de la supremacía militar, factor que, hasta mejor opinión, ha sido primera y última salvaguarda del actual estado de dominación mundial. Hablar de hegemonía significaría adjudicar a los Estados Unidos una superioridad económica y una fortaleza de su desarrollo industrial y productivo; implicaría hablar de un grado de superioridad de su cultura en tanto nación y asumir que posee una superioridad en campos vinculados con el conocimiento, el pensamiento, la innovación tecnológica y otras cuestiones fundamentales. Estos aspectos, de ser así y ciertos -que por evidentes razones de espacio no podremos desarrollar aquí en el sentido de demostrar que no son tales- nos hablarían sí de una hegemonía, es decir de un posicionamiento de superioridad asumida por sí y con la aceptación tácita de terceros (en este caso Europa, los países asiáticos desarrollados y todos los pueblos explotados del planeta). En los campos vinculados con el desarrollo económico, productivo, tecnológico y del pensamiento, hace mucho rato que Estados Unidos ha perdido la delantera con respecto a otras potencias imperialistas y capitalistas; en lo que atañe con los pueblos de los países capitalistas y dependientes ha existido y existe una fuerte resistencia al accionar de la potencia imperial mundial, su gobierno y sus marines. Hablar de hegemonía es un dislate infundamentado y por tanto una “nueva” traficación de conceptos.

Volviendo a párrafos anteriores y, si bien es cierto que los pueblos y la clase obrera muchas veces asimilan paradigmas que le son ajenos en tanto no reflejan los intereses ni el necesario  posicionamiento que una clase “para sí” debiera asumir, esto no significa ni por asomo que el actual estado de dominación responda a una concepción cultural, aspecto que subyace en la línea de pensamiento que se desprende de la aceptación de dicha “hegemonía”.

La prevalencia y predominancia de los Estados Unidos de América en el actual concierto de naciones imperialistas, capitalistas y desarrolladas ha sido, es y todo indica que por un buen tiempo será, debida y sustentada en el poder militar y la disposición (probada en los hechos hasta el hartazgo) a usarlo en todos los continentes, en todos los escenarios y contra diversos “enemigos”. De esta forma y al mismo tiempo, se reprime a los focos de resistencia, se extermina a los adversarios más decididos y se disuade a otras potencias que, en un marco de mayor fortaleza económica, industrial, financiera, tecnológica, científica y cultural, no han podido o han optado por no poner en pie una maquinaria militar como la que ha desplegado por todo el planeta el “puño de acero” del capital norteamericano, el ejército de los Estados Unidos. [1]

Afirmamos que no es correcto hablar de hegemonía de los Estados Unidos y que lo que existe (y sufrimos en el planeta) es una dominación del capital en su estadio imperialista y en una etapa mundializadora de profundo contenido militar y de rasgos guerreristas y fascistoides donde predomina el poder de la maquinaria de guerra del Tío Sam. Nada más ajeno al concepto de hegemonía.

 

“Centro y periferia” o desarrollo sostenido

sobre las espaldas del insostenible subdesarrollo

 

En el mismo marco de análisis que hemos desarrollado convencidamente en las líneas precedentes, cabe incluir otros aspectos que consideramos oportunos en esta etapa donde vuelve a darse, al menos en el continente americano, un nuevo aire “progresista”, “desarrollista”, “nacionalista” en abierta o latente oposición a los intereses del Departamento de Estado pero con (en algunos casos) “guiños” hacia la Comunidad Económica Europea u otras naciones de mayor fortaleza económica relativa y con recursos abundantes en áreas estratégicas, en un contexto donde los conflictos ínter burgueses y extranacionales están a la orden del día en tanto se pretenda “tocar” alguna ventaja relativa y cuestionarla. Hidrocarburos, agua, contaminación ambiental, salidas al mar, protección arancelaria, etc.

Se ha sostenido ya desde casi medio siglo que una contradicción a superar es la vinculada con la pugna de intereses entre los países centrales y los periféricos, vinculando a esto el “conflicto” norte-sur y la lucha entre los países desarrollados y los subdesarrollados y, por tanto, la necesaria estructuración de estrategias desarrollistas, nacionalistas y/o de “bloques” como forma para revertir esta brecha y lograr una “vía” al desarrollo. Por esta vía se lograría “salir” de esa periferia e ingresar al círculo de países centrales, o sea los capitalistas y desarrollados. Se ha “invitado” entonces, tácitamente, a seguir una vía de desarrollo capitalista.

Esta disquisición antojadiza, carente de posicionamiento de clase una vez más, ha colocado como furgón de cola a los pueblos de América y a sus verdaderos intereses de emancipación. Esta relegada -a través de los siglos- aspiración redentora está tan alejada de una “vía” capitalista como de lograr salir del subdesarrollo sin atacar el desarrollo, lo que es igual a decir que resulta imposible comprender la situación si no se la analiza orgánicamente como un todo relacionado. No existe el desarrollo de unas naciones sin el necesario subdesarrollo de otras. No existe por tanto una contradicción entre centro y periferia sino, una vez más, una contradicción entre capital y trabajo que refleja en el hecho “nacional” ciertos aspectos de la misma. De igual modo no existe un desarrollo a escala nacional que sea ajeno a este análisis abarcador y sistémico; nadie duda que si existe una clase enriquecida se debe a que hay unas relaciones de producción que permiten el despojo de otra clase. Aceptar que hay países centrales y países periféricos sería tan contra natura como aceptar que es natural que existan ciudadanos de primera y marginales de segunda o tercera categoría. Lo que existe es un estado concreto de situación y relación a escala mundial que, en la actual etapa del desarrollo de los procesos, convierte a países ricos en recursos naturales, minerales, culturales y humanos en dependientes; y existen a su vez condiciones al interior de cada país, en su relación con lo regional e internacional, que convierten a los poseedores de la única riqueza verdadera que radica en la fuerza del trabajo, en pordioseros en su propia tierra que caminan hacia una triste tumba.

Algo debe cambiar y la vía no se encuentra trazada por un desarrollo dentro de los marcos que nos ofrece el capitalismo. Ningún desarrollo en este marco garantizará las necesidades de los millones de niños, mujeres y hombres de América. Ninguna inteligente acción desarrollista-nacionalista que no ponga en juego la cuestión del poder para la clase obrera y el pueblo y la sustitución del capitalismo por el socialismo, garantizará esas necesidades.

 

Clase, fuerzas motrices y vanguardia política

 

Las estrategias que se han llevado adelante en nuestro continente a lo largo de los últimos siglos, tanto en la lucha contra los imperios colonialistas, principalmente en los siglos XVIII y XIX y contra el imperialismo capitalista en el XX y lo que va del XXI, han adolecido de algunas cuestiones principales, recurrentes y sistemáticas que ya resultan, tristemente, banda sonora y “leit-motiv” de la película de la derrota de la clase trabajadora en nuestras comarcas.

La historia de las luchas continentales contra los imperios de España y Portugal en la subregión latinoamericana, nos han mostrado que los tres aspectos del subtítulo (centrales para cualquier elaboración estratégica y programática de intención revolucionaria) existieron, accionaron, se relacionaron dialécticamente y propiciaron, en contradicción con las fuerzas antagónicas en un marco concreto de correlación de fuerzas, un resultado determinado. Este resultado en todo el continente determinó y significó un triunfo de las posiciones independentistas acaudilladas por los patriciados acomodados y liberales de incipiente carácter de proto burguesía. Estos sectores, en los hechos columna vertebral de la “vanguardia política independentista” de la época (logias), contaron para sus luchas con un abanico de fuerzas motrices dentro de las cuales no significaban (ellas mismas) ni por asomo fuerza principal, aunque sí hegemónica producto de su formación cultural y poder económico en relación con los otros estamentos sociales que participaron de las revueltas y montoneras en suelo americano. Los pueblos originarios, los esclavos negros, los campesinos, los trabajadores rurales y los marginados de la época revistaron en las filas de los ejércitos populares que, armas en mano, combatieron a españoles, portugueses y también a ingleses, franceses y otros. La clase soporte de la estructura económica en ciernes de esa época, de escaso desarrollo identitario aún, era difusa, balbuceante y diversa; lo que es innegable es que sí existían sectores de esa sociedad, dividida en clases, que objetivamente defendían un proyecto de emancipación que, en lo más avanzado del corpus teórico de la época, se sustentaba en la tenencia de la tierra por parte de quienes la trabajaban, en la autodeterminación de los pueblos y en el reconocimiento de sus autonomías y en la concepción federal y de Patria Grande Americana. Este proyecto fue derrotado momentáneamente producto de la traición de sectores que, especulando con su adaptación a las condiciones emergentes de desarrollo capitalista que propiciaba la concepción británica triunfante en la época, favorecieron la estrategia de “independencia” del poder español y se sujetaron a una salida a la vida republicana independiente de espalda a los sectores que llevaron la lucha hasta las últimas consecuencias, que eran y resultaban ser, herederos de los pueblos originarios de América, que representaban a los desposeídos de toda raza, credo, cultura y condición y que defendieron consecuentemente los ideales revolucionarios de esas luchas.

La fragmentación nacionalista y de ulterior desarrollo capitalista que propició el desenlace de esas luchas en siglos pasados no era la única alternativa de desarrollo posible ni el único proyecto sustentable. Ejemplo de esto, claro, sintomático y vigente en sus enseñanzas aún hoy, es la epopeya del pueblo del Paraguay contra quienes se propició la Triple Alianza; el pueblo paraguayo y sus dirigentes lograron el más alto grado de desarrollo económico, social, cultural, integrador e inclusivo que haya conocido América hasta la revolución cubana. Por ello la estrategia de la diplomacia británica fue la de dividir para reinar; por eso la llevaron adelante los patricios de la época, pequeños aprendices de virreyes, peores americanos.

Las postrimerías del siglo XIX, todo el XX y lo que va del nuevo milenio nos invitan a “especular”, mirarnos al espejo de aquellas luchas prometeicas, analizar rasgos vigentes, situaciones semejantes, generalidades que permitan esbozar una teoría revolucionaria para el siglo que comienza. Las luchas de intención revolucionaria en el continente americano (en el marco capitalista) y de intención socialista han conocido avances y retrocesos, flujos y reflujos; han sucedido “momentos”, han surgido hallazgos y han fracasado la mayoría de los intentos, salvo excepciones honrosísimas, en primer lugar Cuba. En otro plano y en diferentes niveles, podríamos analizar las generalidades de los procesos llevados adelante tanto en una geografía como en otra, tanto por determinadas concepciones de la lucha como por otras.

A nadie escapa que la década del sesenta marca y define por mucho tiempo la historia de la revolución en el continente, no en vano Cuba, mencionada líneas arriba. En ese entonces, y a riesgo de esquematizar demasiado, (otra vez la premura y la limitación producto de la extensión a priori definida del presente  trabajo y nuestras propias insuficiencias nos compelen a abreviar) dos concepciones predominaron y “compitieron” por erigirse en vanguardia de los procesos; la concepción de los Partidos Comunistas pro-soviéticos con su estrategia de Frentes Populares por un lado, privilegiaron una lenta acumulación de fuerzas en el marco legal en alianzas policlasistas amplias a escala nacional con autonomía trazada a calco sobre las fronteras de los estados nacionales. Al mismo tiempo y por otra parte, la concepción de la guerrilla (rural o urbana) (foquista o entrelazada con acciones políticas de masas) llevó la lucha armada al pináculo del método contra el sistema y, muchas veces, coordinó regionalmente más allá de fronteras. Nos atrevemos a afirmar que, salvo rarísimas excepciones, que no vamos a analizar en el presente trabajo, ninguna de estas concepciones de lucha, ninguna de estas estrategias y ninguna de estas metodologías logró extirpar de su seno los elementos mencionados párrafos arriba en relación con las luchas contra los imperios coloniales. Nos referimos a la necesidad de una relación dialéctica entre clase, fuerzas motrices y vanguardia política que permita diseñar una estrategia continental anclada en los intereses de clase, que imbrique todas las formas de lucha y que sea hegemonizada por lo más comprometido y no por lo más iluminado; que persiga el objetivo final como único objetivo posible, que vea la liberación de los trabajadores como tarea a realizar por los trabajadores.

Las estrategias de acumulación policlasista han fracasado; las estrategias de confrontación aislada han fracasado. ¿Por qué triunfó el proceso cubano? ¿Por qué se extinguió la revolución Sandinista luego de una epopeya popular como pocas en América Latina?

Si aislados e individualmente pudiéramos desentrañar estas cuestiones, contestar estas preguntas, seguro estaríamos haciendo algo muy diferente a escribir estas líneas. A lo sumo arriesgaremos algunos párrafos, como hemos arriesgado los que anteceden.

 

Acerca de la “Liberación Nacional”

 

La Liberación Nacional en tanto “etapa de un proceso revolucionario hacia el socialismo” y la  liberación nacional en tanto proceso inscripto en una geografía, una historia y una tradición acotada por factores económicos, sociales, superestructurales y culturales específicos y determinados, creemos que debe ser objeto de crítica. Intentaremos la nuestra.

Lenin (y los bolcheviques por tanto), sobre todo en “Imperialismo, fase superior del capitalismo” consideran que es necesario apoyar procesos de Liberación Nacional de países atrasados y que de esta manera se propiciarán, tácitamente, unas condiciones más favorables para el proceso revolucionario en Rusia, Europa y la construcción del socialismo en ese continente “avanzado”. Comprendemos y aceptamos que países bajo el yugo del colonialismo (que a esos casos hace mención Lenin, no a otra cosa) requieran de procesos de Liberación Nacional; admitimos que esos procesos puedan requerir de estadios de desarrollo y por tanto, deben ser “administrados” esos tiempos, con inteligencia táctica. El propio Lenin habla de las dos tácticas de la revolución a operar por su pueblo y el partido bolchevique.

La historia objetiva y concreta de los procesos en nuestras comarcas nos permite obtener enseñanzas, siempre y cuando sepamos distinguir entre los verdaderos paradigmas a ser asumidos por la clase obrera y el pueblo y los que, otra vez devaluados, son absorbidos por la clase dominante y devueltos a la masa para empantanarla en procesos sin salida.

Hoy, en América Latina casi sin excepciones, en virtud del grado de desarrollo capitalista de las relaciones de producción, del estadio de desarrollo de las estructuras económicas productivas, del avance de los procesos tecnológicos, de la vastísima extensión de cultivos alimentarios, del desarrollo de la ganadería, de la minería, de existencia de infraestructura, de desarrollo de formas “democrático-institucionales”, de acerbo cultural de nuestro pueblos, de interrelacionamiento de nuestras geografías y de comunicación inmediata de los sucesos, a la vez que de la omnipresente presencia e ingerencia imperial, ¿es la Liberación Nacional una etapa a transitar necesariamente?

La Liberación Nacional ha requerido, en tanto estrategia (tanto por parte los Partidos Comunistas pro-soviéticos, como de fuerzas político militares guerrilleristas), programas que expresaran intereses de clase y de sectores de clase proclives a desarrollar una lucha contra el yugo imperial, yugo que, para algunos actores significa un enemigo antagónico y que para otros significa, tan sólo, un adversario momentáneo y en el futuro un aliado comercial necesario. En ese terreno se propiciaron procesos nacionalistas, cargados de reivindicaciones en dicho plano en los cuales la existencia (cabe analizar a la luz del desarrollo económico actual su mentada existencia) de “burguesías nacionales” permitirían avanzar en ese terreno de relativa autonomía frente a la ingerencia extranjera. Dicha autonomía sólo es posible es un marco acordado por una instancia policlasista donde conviven sectores de clase (al menos) y clases, siempre,  cuyos intereses son antagónicos. El proceso de liberación nacional es ante todo un proceso de desarrollo económico; los procesos de desarrollo económico son: capitalistas o socialistas, siempre y cuando descartemos, a priori, el feudalismo, el esclavismo y el comunismo primitivo, cuestión que al menos quien esto escribe, ha saldado para sí.

¿Cómo es posible articular hoy en el continente americano una lucha por la liberación nacional que no derive, reitere y repita, esta vez como farsa, los mismos conflictos que en décadas pasadas?

Procesos militaristas de impronta nacionalista se han observado en los setenta en Perú y Bolivia; procesos hacia el socialismo inmersos en el marco jurídico democrático-burgués representativo se han observado en el Chile de Allende. Procesos en América, hoy, están caminando sobre la estrecha cornisa sustentada en estas concepciones. ¿Qué tiene para decir acerca de estos procesos la clase obrera, los trabajadores, los marginados por el sistema, los pueblos originarios, los negros, los mestizos, las minorías, las mujeres y toda la “corte de los milagros” del pueblo que espera, insumisa e irredenta, una estrategia de revuelta que la redima? ¿La Liberación nacional puede ser su estrategia?

Si de algún modo -y de alguna manera- cabe un margen para la duda acerca de la validez de esta estrategia hacia el socialismo, afirmamos que debe ser saldada a la luz de una estrategia en un plano continental. La Liberación es de América, del pueblo, de la clase explotada y expoliada, de los marginados y ninguneados. Un socialismo que “especule” en la lucha de los pueblos en los siglos pasados contra el imperio colonial alumbrará la estrategia redentora hacia el socialismo del siglo XXI, que será tal si es continental y que llegará a puerto si en su ruta se trazan pocas escalas. Confiemos los mapas de las rutas de navegación a los más infelices y apostemos para que ellos sean los privilegiados.

 

Estrategia proactiva contra el capital y el imperio

 

Sin considerar de elegancia el autorreferenciarnos, creemos necesario citar algunos párrafos ya escritos a modo de contexto teórico imprescindible. En este sentido aportamos algunas líneas de dos trabajos ya elaborados y que intentan navegar, teóricamente, en torno a la necesidad del perfilamiento de una estrategia regional asumida colectivamente por las vanguardias sociales-políticas del continente.

 

Citamos:

 

“En las sociedades a escala nacional, las burguesías en el proceso de concentración del capital y monopolización de los resortes económicos financieros devienen en oligarquías que, en los momentos de crisis pasan a dominar los resortes políticos (superestructurales) y militares (coercitivos) de forma evidente, cuestionando incluso las formas democrático-burguesas que han articulado como marco de dominación de clase. Desde las potencias imperialistas esta misma dinámica, en una instancia superior en calidad e intrínseca al sistema y necesaria, por tanto, genera la misma situación a escala planetaria; por tanto afirmamos que existen oligarquías mundiales que han devenido en “rosca mundial”. Existe un poder imperial-mundial, más allá de las contradicciones que conlleva en su seno. Esta situación marca la necesaria construcción y desarrollo orgánico del polo antagónico desde el campo popular a nivel mundial con su necesario correlato regional y local.” [2]

Afirmamos que estamos en condiciones, en la sub región y en la región, de establecer estrategias por el poder en función de una visión clasista y desde la perspectiva de la construcción de economías proto-socialistas aún en los casos de menor desarrollo de las condiciones materiales básicas indispensables. La clave para esto es repensar, desde una perspectiva de Federación Americana, la estrategia continental para articular las luchas tácticas regionales y locales (desiguales y combinadas) y, de igual manera, desarrollar gérmenes de poder y de relaciones de producción no capitalistas a partir de las geografías y experiencias históricas de nuestros pueblos. Un socialismo sustentado en el aprendizaje de las luchas históricas contra los viejos imperialismos parirá la victoria contra el imperio mundializador. Si el imperio mundializa, la lucha debe mundializarse y nuestra tarea es regionalizarla.” [3]

Volvamos la vista atrás, al proceso colonial, a lo ya mencionado en relación con los procesos abortados de emancipación popular en nuestro continente en siglos pasados y también en el estadio capitalista imperialista; ¿qué observamos? El proceso emancipador americano (el verdadero, el de clase) murió cuando se le quitó el contenido clasista y cuando se lo disgregó en cuestiones nacionales.

Los procesos revolucionarios del siglo XX empantanaron en el marco de opciones de alianzas policlasistas o de visiones estrechas en el marco de la apuesta al proceso “en un solo país”.
Creemos que en esta hora americana, donde se observa una lenta pero sostenida salida de un largo periodo de reflujo, es necesario repensar la teoría por la revolución socialista americana tanto a la luz del “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels como de las luchas contra los imperialismos coloniales en el siglo XIX y, sobre todo y ante todo iluminada con la sabia paciencia y con la inquebrantable resistencia de sus pueblos originarios. La lucha consecuente del pueblo americano en esta fase guerrerista, brutal y criminal del imperio mundializador debería estar sustentada en estrategias proactivas a corto, mediano y largo plazo que atendieren a todos los aspectos de la lucha y a todas las variantes tácticas; como ya hemos dicho en algunas líneas que andan por ahí: “La victoria depende de una estrategia acertada y unas variantes tácticas estudiadas. La derrota depende de casi nada y, sobre todo, de nuestra improvisación.”

Si asumimos que la estrategia debe ser proactiva, continental y por el socialismo, se desprende necesariamente de estos preceptos, que deben darse las instancias de debate y elaboración necesarias para tales fines; si bien se vislumbran algunas líneas de trabajo en este sentido, creemos que son insuficientes y que adolecen, muchas veces, de carencias comunes al movimiento en su conjunto en todas las épocas. Muchas veces los marxistas hemos debatido en foros públicos, o al menos amplios, con lecturas preconcebidas preparadas con semanas de anticipación; hemos debatido antidialécticamente, lo cual significa que hemos rehuido el debate. La síntesis teórica que debemos buscar en esta hora americana los revolucionarios, surgirá de la verdadera síntesis dialéctica del pensamiento y la acción; surgirá también del análisis de la historia y su desarrollo y surgirá, necesariamente, de la cruda y arriesgada participación de la obra de los pueblos. Mas sin debate teórico y sin teoría revolucionaria podrán existir revueltas, estallidos y acciones heroicas de diverso tenor pero nunca una revolución continental y mundial, a la cual aspiramos y, desde los maestros fundadores del Movimiento Comunista Internacional, se perfila hace ya siglo y medio, al menos en la teoría. En nosotros está el hacer la práctica.

Acerca de la táctica

 

En el marco de coyuntura que atraviesa el continente y en relación dialéctica con la necesaria estrategia, visualizamos algunas cuestiones de importancia a atender en lo inmediato y analizamos el “cómo” desarrollar dicha acción en dicho terreno.

Si asumimos que la estrategia consiste en desarrollar una serie de herramientas sociales-políticas para imbricar todas las formas de lucha de manera dialéctica hacia un objetivo final asumimos que: en este sentido no debemos hablar de “tácticas lineales” ni de “tácticas sinuosas” o de otras variantes de dudoso rigor a la luz del análisis de clase. En el desarrollo de los procesos, las contradicciones deben resolverse a partir de la lucha de contrarios en un sentido de superación.

Cada coyuntura específica particular deberá analizarse desde un posicionamiento de clase y en función de los intereses del proceso revolucionario; los factores que se visualicen como “polos” de la contradicción serán objeto táctico de la acción popular continental; dicha acción deberá lograr superar dialécticamente, en un sentido ascendente, las condiciones actuales en favor del proceso revolucionario.

Desde esta concepción puede sí, en determinados momentos del proceso, hablarse de repliegues tácticos (táctica defensiva) o de avances tácticos (ofensiva táctica). Estas opciones deberán considerarse a partir de una justa valoración de la correlación de fuerzas en cada momento y lugar, mas, en esencia la táctica debe estar en función de aportar al desarrollo de la estrategia desde el plano histórico concreto particular en cada caso. Podrá, al mismo tiempo, en algún frente de lucha operarse con una ofensiva táctica y en otro frente a partir de una táctica defensiva. Lo fundamental, para acertar a la hora de decidir qué táctica desarrollar, es una justa valoración de las fuerzas en pugna sobre el terreno específico (análisis concreto de la situación concreta).

No hay entonces una “receta” táctica y por ende, toda decisión de este nivel, debe ser tomada con cierta autonomía por las fuerzas del campo popular que estén en el terreno de operaciones en condiciones de incidir en los procesos; estas decisiones (de carácter esencialmente político) deben visualizarse en función del conjunto y no de la parte. La táctica es un “arte” de particular importancia y desde ésta se logrará desarrollar, de manera superadora, cada momento en función de la estrategia en la medida de los aciertos, o se operará en desmedro del conjunto desde el punto de vista estratégico cuando los errores tácticos incidan negativamente.

Nos atrevemos a afirmar entonces que sin teoría revolucionaria no habrá práctica revolucionaria; que la estrategia revolucionaria signará el proceso pero que sin aciertos tácticos articulados la estrategia es una ilusión. La praxis revolucionaria desde el método dialéctico se articula a partir de la afirmación, la negación y la negación de la negación. La síntesis creadora y conciente es la base del método. La estrategia es continental y la táctica debe ser autónoma aunque no aislada de una justa valoración sistémica.

 

En relación con nuestras debilidades

y cómo superarlas

(A modo de corolario y propuesta)

 

Si comparamos la potencialidad combativa del campo popular en el terreno material y político-militar con el del capital y el imperio, surge rápidamente una sensación de pesadumbre. Si observamos la historia combativa (y triunfante muchas veces) de los pueblos que han enfrentado con convicción, inteligencia y objetivos estratégicos al enemigo, el optimismo nos alumbra. Al decir de Gramsci nos encontramos entre “…el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”. Proponemos armarnos de ambas cuestiones y hacer de ellas herramientas de combate. Si limitáramos nuestras cavilaciones en el estrecho marco de la actual correlación de fuerzas nos sumiríamos en una parálisis preocupante. El sistema siempre favorece correlaciones adversas a sus enemigos y sin embargo, muchas veces (siempre si analizamos a través de la epopeya humana) ha sido derrotado.

Una forma de superar insuficiencias es asumirlas y desde dicha asunción reparar en que dicha debilidad puede ser fuerza verdadera si se la explota con astucia. David pudo derrotar a Goliat; la tortuga arribó a la meta antes que la liebre. ¿Táctica o estrategia? Mejor preguntamos: ¿táctica? o ¿estrategia?. Sugerimos: estrategia y táctica. Si la coyuntura define la táctica y el objetivo final la estrategia, analicemos qué tenemos en la coyuntura y qué debemos tener en dicho desarrollo de la necesaria estrategia. Construyamos las herramientas o planes necesarios: como David, como la tortuga.

Nuestra debilidad histórica, en tanto pueblo del continente, ha radicado principalmente en la división artificial de marco nacional burgués y pro imperialista. Las estrategias  que se han diseñado han respondido en casi todos los casos a este contexto marco; en algunas eventualidades esta visión ha intentado superarse pero no se ha sabido –o no se ha podido- salvaguardar a las fuerzas consecuentes de la infiltración de sectores oportunistas y arribistas que verán –siempre- con buenos ojos, el emparentamiento con las bondades y mieles que el capital les ofrece como canto de sirena. Hay paradigmas para todos los gustos; podemos tomarlos o dejarlos.

Por todo lo expresado creemos que ha llegado la hora de visualizar las carencias, repensar nuestras estrategias, y de poner manos a la obra en la ímproba tarea de generar los espacios de debate y síntesis que nos permitan estar a la altura de la hora, en tanto americanos, marxistas y revolucionarios. Llamamos a un gran debate de las organizaciones de nuestro continente para poner en pie la organización de vanguardia regional, que enfrente al imperio en una estrategia por la revolución socialista americana. En eso estamos y no estamos solos.

 

NOTAS AL PRESENTE TRABAJO:

[1] En el año 1999, Madeleine Albrigth, por entonces Secretaria de Estado en el primer gobierno de G. W. Bush, afirmó: “Para que la mundialización funcione, Estados Unidos no debe tener temor en actuar como la superpotencia invencible que en realidad es. La invisible mano del mercado no funcionará jamás sin su puño invencible. McDonald’s no puede expandirse sin McDouglas. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías de “Silicon Valley” se llama Ejército de los Estados Unidos de América”.

[2] Fragmento del trabajo titulado:
APUNTES PARA UN DEBATE
DE LOS MARXISTAS REVOLUCIONARIOS EN AMERICA LATINA”
versión íntegra en AMAUTA DIGITAL:
(www.amauta.inf.br)

[3] Fragmento del trabajo titulado:
 
El Imperialismo post “11/9” y el papel
de la izquierda revolucionaria latinoamericana
Ponencia presentada al Seminario organizado por Universidad Popular Joaquín Lencina
y Semanario 7/7 los días 22 y 23 de julio de 2006 en el Salón de Actos
de la Facultad de Humanidades de Montevideo, Uruguay
. (UDELAR)
Universidad de la República Oriental del Uruguay.

En Red La Haine (www.lahaine.org);
En Foro Mundial de Alternativas (www.forumdesalternatives.org)
en Amauta digital (www.amauta.inf.br)
en Actividad Siglo XXI (www.actividadonline.com.ar)

 

 

Alejandro García Ruiz

29 de Octubre de 2006

Montevideo, Uruguay, América Latina, Tierra, Vía Láctea, Universo, ¿?